Love…And Other Impossible Pursuits

They could be anyone...or could they?

Escuché muchas veces al amor explicado como una reacción química. Estas explicaciones, cargadas siempre de cierto cinismo, tratan de abrirnos los ojos a que todo eso que experimentamos cuando estamos enamorados aparentemente no es más que bioquímica aplicada. But, guess what…Nuestra propia existencia es también bioquímica aplicada, así que me cuesta trabajo entender por qué se supone que esto es una mala noticia.

No sé de qué otras formas puede explicarse el amor. No me gustan esos aforismos que dicen que al amor no hay que buscarle explicación. Por lo menos a mí – me parece importante y necesario poder entender de qué están hechas las cosas y como funcionan. No porque sea necesario entender algo para disfrutarlo; pero porque sí hace falta entender algo para disfrutarlo  –más.

Estuve leyendo bastante acerca de esto. La antropóloga estadounidense, Helen Fisher,  investigó mucho acerca del tema y encontró cosas muy interesantes. Para empezar, todas las civilizaciones hablan del amor de alguna forma u otra: Poemas, leyendas, canciones, historias. La humanidad conoce el amor desde hace millones de años – y aún hoy nos parece mágico. En todas partes del mundo alguien ama y es amado (no siempre de manera recíproca) Es raro que algo tan común y corriente sea la emoción más preciada que tenemos – sobre todo porque el amor no siempre es una experiencia feliz. Fisher describe al amor romántico como una obsesión. Es como si alguien estuviese viviendo en tu cabeza, todo el tiempo (and I do mean all the time).

Lo que me resulta inexplicable – y para lo cual las resonancias magnéticas no tienen una respuesta, es por qué nos enamoramos de una persona y no de otra. Si se supone que nos enamoramos de alguien que tiene un trasfondo social, económico, biológico e intelectual parecido al nuestro: ¿Cómo es que no andamos enamorados de al menos una decena de personas al mismo tiempo? A todo esto hay que sumarle que somos capaces de pintar en el otro cualidades que no existen y dejar de lado las cosas del objeto de nuestro afecto que sabemos que no nos gustan (el cigarrillo, la ideología política opuesta, su desdén por Borges y los mini post-it de colores, etc) Esta obsesión hace que las cosas más estúpidas nos parezcan únicas: su edificio es distinto a todos los otros edificios de la ciudad, su auto, es distinto a todos los autos, su música es preferible a cualquier otra música.  ¿Por qué no podemos atribuirle estas cualidades casi ficticias a otro, con otro nombre? Si es pura química, ¿porqué es esa persona la que desencadena el rush de dopamina y no otra?

Soy consciente de mi leve insistencia con el amor y las relaciones. I’ve found almost everything written about love to be true (and I do mean almost…hay algunas cosas lamentables como las pavadas que se escriben en los pasacalles o las letras de las canciones de Axel que dejan a cualquiera en un coma diabético y de mal gusto)  Me despierta mucha curiosidad esa elección que hacemos de sobrestimar una persona por encima de otra; cómo lo que sentimos nos condiciona y nos transforma, haciendo que la propia satisfacción, la propia felicidad sea la felicidad y satisfacción de ese otro.

Helen Fisher en uno de sus textos explica que los sistemas que se activan en el cerebro cuando estamos enamorados, son los mismos que se activan cuando consumimos cocaína, y que se activan con la misma intensidad. La diferencia entre el amor y el rush de esta droga es que: el efecto del amor dura más y no necesitamos ingerirlo, tocarlo o verlo para que nos afecte – Basta con imaginar ese nombre, escuchar una canción o recordar un momento. ¿No es genial la bioquímica?

5 comentarios en “Love…And Other Impossible Pursuits

  1. Si la bioquímica es finalmente la responsable, sí, la bioquímica es genial =)
    Coincido con Girl en que prefiero entender lo que siento, a veces se disfruta más – aunque a veces pienso ‘ignorance is bliss’. Supongo que habrá que aceptrar un grado de ignorancia en el tema del amor, porque es muy difícil encontrar la razón que hace que no nos importe nada más que ESA persona. Quizá sea la persona que estaba en el lugar indicado y en el momento justo. Así como a veces, no hay un un por qué para explicar que una persona adorable no nos mueva ni un pelo.
    Lo cierto es que si los astros se cruzan y se produce la reciprocidad, la bioquímica aplicada es lo que hace que todo valga la pena, lo bueno y lo malo (me mató lo del desdén por Borges y los mini post-it de colores, ¡aspectos difíciles de ignorar!)
    Me alegro que Ms Fisher haya comparado los efectos del enamoramiento con los de la cocaína… no sólo duran más, sino que que es muuuucho más barato, es legal y no terminás dando lástima en una granja… igualmente puede que quedes dando lástima en cualquier otra parte, pero no hay problema si querés volver a consumir😛
    Muy buen post !!

    1. Jajaja, totalmente…la adicción a “esa” persona funciona más o menos como la cocaína uno queda dándo lástima out in the open, con la diferencia de que tus amigos insisten para que vuelvas a consumir y te vuelvas a enamorar…y que ese producto que estabas consumiendo antes no era de tan buena calidad. Weird uh? Y sí…en el amor ignorance es bliss, sometimes vital. Un amigo decía que amarse era inventarse falsedades compartidas, y como diría el amigo Greg H. everybody lies, pero es mejor mentirse de a dos. Todo es mejor de a dos (a veces de 3 y todo…)
      Pero cada vez soy más partidaria del “momento indicado en el lugar indicado” parece que yo llego siempre tarde (o antes…pero eso sería raro) y siempre una cuadras más lejos.

      1. Bueno, creo que estamos ante la necesidad de una nueva invención. El “GPS del amor”, con reloj (y despertador por las dudas)… Girl, si existe, no podés fallar!!! Y si no, habrá que ponerse a trabajar para inventarlo… como habláramos en alguna instancia, esto de juntar los padrones electorales es un buen comienzo. Podría haber alguien interesante en la fila para la votación… lástima que al cuarto oscuro se entra de a uno😦

  2. Esta explicación química revela el cómo, pero no el qué (es la sensación de estar enamorado) ni el por qué (un sujeto y no otro desata esa reacción química). Algunas ideas: El qué lo ha explicado muy bien Spinoza («alegría acompañada por la idea de una causa externa»). En cuanto al por qué, recuerdo sin mucho detalle haber leído un estudio que concluía que construimos un modelo abstracto de la pareja perfecta incluso desde nuestra infancia, como un cuadro al que cada día le damos una pincelada de ideales. Claro que, al ser abstracto, diferentes sujetos pueden coincidir con el modelo, y ahí es donde se produce la magia: como en alguien que pasó toda su vida escudriñando el cielo en busca de vida extraterrestre y finalmente la encuentra… bajo una forma que jamás había imaginado. O no.

    1. La ciencia en general nunca explica el qué…o sí pero esas explicaciones me han dejado poco satisfecha…como el color del cielo que fundamentalmente se debe la interacción de la luz del sol con la atmósfera…pero así como es azul ¿por qué es que el resultado de esa interacción no es verdecito?
      Seguramente tenemos en algún lado de nuestra conciencia un modelo abstracto de ideales que retocamos cada tanto… y lo lindo de eso es que no creo que esos ideales dejen de actualizarse nunca, aún después de encontrarlos personificados – cosa que no pasa muy seguido.

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