¿Eres tú el príncipe azul que yo soñé?

8 de cada 10 cosas que digo o pienso suelen salir de mi boca sin permiso…no es que no piense antes de hablar (Bueno, a veces no. Pero solo si estoy eufórica, verborrágica, enojada, dormida, cansada, distraída – en fin…you do the math.) Y estoy segura de que no estoy sola en esto que me pasa…que cuando vuelvo sobre lo que dije o contesté se me ocurren miles de cosas mejores que decir instead y me reto a mi misma a no volver a abrir la boca a menos que tenga algo que sea abso-luta-mente necesario decir. De más está aclarar que no me sale, me encanta hablar, además paradójicamente escribo acá, que es un monólogo ininterrumpido sobre cada pavada que se me cruza, cosas, que seguramente, no era necesario decir….Como este primer párrafo que no tiene nada que ver con el post.

Siempre ha sido tema de debate entre mujeres esta cuestión de las expectativas con las que crecemos desde niñas acerca de las relaciones de pareja, los hombres, y el amor en general- y como es que  la influencia de los cuentos de hadas, el amigo Walt Disney y las comedias románticas vinieron a iluminar la realidad con una lamparita rosa de 25 watts que se quema al primer uso. Yo no estoy tan convencida de haber comprado en un 100% que los hombres debían ser todos príncipes, que sólo es amor si sentís mariposas en la panza y que al final de la película the girl should always get the guy. Creo que nos refugiamos mucho en la autocomplacencia diciendo que somos una generación de ilusas culpa de Cenicienta…Y no sé qué piensan ustedes,  pero esto no habla muy bien de nosotras.

No voy a negarlo, a una le meten esto del romanticismo desde chiquita por todos lados, y es una ilusión muy linda: la de ser princesas protagonistas, rescatadas por ese hombre que todas quieren tener y que solo tiene ojos para una, que nos entiende sin tener que hablarle, que es fuerte, tierno y protector y que hace todo bien los 90 minutos completitos de película. En cambio en el plano donde  los animalitos del bosque no son sastres expertos, tenemos hombres reales; que no crecen entrenándose para rescatar princesas (…todo lo contrario, crecen bastante ajenos a todo eso) sin contar que para considerar que “hacen todo bien” necesitan un libreto y Nancy Meyers seguramente está muy ocupada como para pedírselo a ella.

Por otro lado, y más allá de las princesitas y los finales felices, desde chiquitas, a las nenas nos meten en la cabeza que el hombre “nos tiene que merecer” y es un concepto que hasta nos acompaña durante nuestra vida adulta. (Y que tus amigas no se van a cansar de repetirte cada vez que algún cretino -siempre quise usar esa palabra- ose romperte el corazón) Y así nos damos el lujo -algunas- de ser caprichosas, ridículas, inflexibles y a veces hasta crueles, porque estamos convencidas de que somos taaaan especiales que cada vez que nos rechazan en vez de aceptarlo and move on; resulta que el tipo en realidad era un imbécil que no sabe lo que tiene en frente y lo que se está perdiendo…Really? Esta misma corriente de pensamiento promueve que él la tiene que remar en cemento y hacer cosas que seguramente preferiría no hacer con tal de demostrarte que le interesás y que te quiere… (como comer sushi, aceptar ver películas del estilo Sex & The City o bancarse como un duque todo el concierto para violín en Mi menor de Mendelssohn). Divino él…pero al 2ndo año de relación es un evento que no se va a repetir, y nosotras con nuestra vocecita pasa-facturas se lo vamos a reclamar “antes hacías tal o cual cosa y ahora no…ya no me querés mas?”  Pero esto de fingir interés en pavadas al principio de una relación, por el otro, es un temita que trataremos otro día.

En cualquier caso, y para terminar el post y no seguir metiéndome en terrenos pantanosos de los que no voy a salir airosa, les cuento que esto de las expectativas no es tan sencillo. Ya lo habíamos hablado, no? Cuando nos enamoramos, no podemos pretender que la otra persona nos quiera por cumplir y no podemos promoverlo tampoco. Pensar que el amor es una recompensa por hacer las cosas bien es una falacia y me resulta absurdo. Si sólo nos quisiésemos por ser buenos, y por cumplir con un estereotipo apelando a actitudes o acciones pseudo-heróicas… el amor sería mucho más sencillo y seguramente menos mágico.

Before I forget:

Siempre me pregunté si los príncipes de los cuentos eran realmente tan principezcos como los veían las protagonistas. En las películas de Disney siempre son los animalitos del bosque los que hacen todo el trabajo, o las hadas. El príncipe just stands there lookin’ handsome y nunca tiene un parlamento muy brillante… A mi me parece que Charles Perraul y los hermanos Grimm  dejaron afuera la parte en la que Cenicienta pasó de atender a sus hermanastras a atender a la familia del príncipe que era bastante hinchabolas y la trataban de “chirusita” por no descender de la realeza, la pobre tenía que hacer las camas de las 1300 habitaciones del palacio y el príncipe no le daba bola porque se iba de caza todos los días con sus amigos…

Ojo que no solo a nosotras nos inflan el ego de chiquitas… Hay decenas de hombres dando vueltas por ahí que ante un rechazo se ofenden… ¿Lo pueden creer? Se ofenden.

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