Verde

Estoy casada con mi persona favorita en el mundo, tenemos un marcianito loco con el que completamos una familia preciosa pero los dos sabemos que no queremos traer más gente al mundo.
A este marcianito loco no lo engendramos a conciencia pero sí sabíamos que queríamos ser padres juntos. Como soy una fanática de poder decidir cosas por mí misma, como cuándo gestar y cuándo no, tomaba pastillas anticonceptivas desde los 17 años. Y sí, me cuidaba con preservativos cuando la persona con la que estaba no era mi pareja estable, porque tuve la suerte de recibir educación sexual de calidad y de que en mi casa la salud reproductiva fuese algo de lo que podía conversar sin censura, miedos o reproches.

Tomando pastillas (de los métodos anticonceptivos más eficaces) y cuidándome, con toda la dedicación y puntualidad posible en la vida real, quedé embarazada igual. Porque, según me explicó mi obstetra la pastilla es eficaz en un 99% si sos un reloj suizo, pero en términos prácticos, es del 91%  porque los ciclos hormonales y la eficacia de este método se ven afectados por miles de factores como, las interacciones medicamentosas (antibióticos, por ejemplo), malestares gastrointestinales (vómitos / diarrea) y hasta algunos alimentos (como la soja, y productos lácteos)  que también pueden entorpecer el efecto de la pastilla anticonceptiva.
El caso es que aun tomándola cuando la app del celu me lo recordaba todos los días a las 21:30, quedé embarazada igual. Contra mis planes  y contra todo lo que activamente soportaba (léase, efectos secundarios / adversos / advertencias) para poder tener un cachito de control sobre mi útero que ya de por sí está mal diseñado y controla demasiados aspectos de mi vida desde que empecé a menstruar.

Yo tuve muchísima suerte, porque si bien no fue a conciencia, el anticonceptivo falló en el momento en el que pude decidir que sí quería llevar ese embarazo a término, que sí quería ser mamá, y que sí tenía las condiciones para traer una persona nueva con una oportunidad real de que se lo criara con amor y respeto desde el momento en el que naciera, con todas las herramientas que tuviera a mi alcance. Tuve mucha suerte porque en ese momento inesperado tenía a Capitán Considerado de mi lado, que estuvo muy a la altura de la situación y hoy es el mejor papá que Mordelón podría tener. También tuve mucha suerte porque tenía obra social y contaba con acceso a un equipo médico de alto riesgo que me iba a ayudar a transitar todos los obstáculos de mi historia clínica para sobrevivir y sobrellevar el embarazo y el parto.

Pero otras no tienen tanta suerte, otras no tuvieron educación sexual, otras no tuvieron oportunidad de decidir usar o no un preservativo (porque para los que no sabían, el forro convencional que tanto le gritan a las mujeres usen, va en el pene). Otras simplemente no quieren ser madres y llevar adelante un embarazo y dejar descendencia genética por el mundo. Otras preferirían esperar y  todo eso debería ser razón suficiente para tener herramientas para decidir.

Vivo en pánico constante de quedar embarazada y hago todo lo que está a mi alcance para que eso no pase, porque hoy no quiero llevar adelante otro embarazo, otra lactancia, otro puerperio, otra persona. El problema es que mis herramientas se terminan donde fracasa la industria farmacéutica, y sobre todo, donde fracasa la obligación del estado de formular políticas de salud reproductivas justas y pragmáticas. La ley dice que a menos que yo no haya dado mi consentimiento para el coito o mi vida corra peligro, interrumpir la formación de un embrión en mi útero es un delito. Como si mi consentimiento y mi salud fueran propiedades mágicas que le dan o no entidad de persona a un embrión para calificar la interrupción de delito. Como si fuese una obligación moral llevar un embarazo a término porque me gusta coger sin fines reproductivos. Como si traer gente nueva al mundo fuera la pelusa del durazno, y que es una pelusa que nos tenemos que bancar solo nosotras, quienes tenemos óvulos para fecundar y úteros para gestar. Porque la que le pone el cuerpo al embarazo, el parto y la rave descontrolada de hormonas que es el pueperio es la mujer. Como si la ley, también considerara la pérdida de un embarazo como el fallecimiento de una persona. Como si a las parejas que firman un consentimiento de cese de criopreservación de embriones en un tratamiento de fertilización asistida los procesaran y llamaran a la policía por «asesinos».

Hace semanas que no paro de pensar en esto. No dejo de pensar en las cientos de miles de mujeres que, a diferencia mía, estuvieron y están entre el cuchillo y la pared, acorraladas, viendo como sus vidas dan un vuelco repentino, irreversible y descontrolado. No paro de pensar en el ruido que me hace que la responsabilidad del control de la natalidad sea mayormente nuestra, porque «si no querías quedar embarazada, hubieras cerrado las piernas», porque para muchos ser mujer y tener sexo es mandato ser madre. Y si esta vez el método anticonceptivo te falló, si la educación te falló, si la legislación te falló, si el sistema de salud pública te falló, te tenés que joder por puta, porque coger por placer y no estar dispuesta a gestar porque te falló  el forro, la pastilla, el DIU o el método que usaste, es ser una descocada irresponsable de porquería.

Ni toda la evidencia científica, ni las fuentes confiables y adecuadas de información empírica logran superar la disonancia cognitiva necesaria para abordar este tema de la forma en la que se supone que nuestros legisladores deben legislar: sin caer en falacias lógicas que apelan a lo emocional y a la falta de información por sobre lo fáctico, que los llevan a no poder diferenciar a las mujeres que se mueren en la clandestinidad por no tener siquiera una alternativa, porque el sistema que tenemos no es ideal o justo ni por asomo.

enriqueta

 

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Leap “Off” Faith

De todos los aspectos inesperados de ser padres, una de las cosas que más me sorprendió, o que más nos entusiasma a Capitán Considerado y a mí, es la de tratar de explicarle a esta personita que hicimos, en qué consiste el mundo. Para mí es la mejor parte del viaje, comparable a explicarle a un extraterrestre en qué consiste la vida en la tierra. Nos obliga a replantearnos muchas cosas que hacemos o creemos sin razonar y a verlas desde los ojos de alguien para quien todo es nuevo y hay millones de cosas por descubrir.

El Capitán y yo estamos siempre en la misma página con esto de la crianza, con algunas diferencias en el cómo, pero siempre de acuerdo en el qué. Una de esas cuestiones es criar a Mordelón fuera de los dogmas tradicionales, entre ellos la religión. El mundo y el universo en el que vivimos no pueden experimentarse ni escudriñarse bajo una sola postura o creencia. Si fuera así, no seríamos todos tan diferentes y definitivamente sería aburridísimo.

Reflexionando acerca de esta esta idea, concluimos que si bien no vamos a inculcarle una religión, sí vamos a tener la responsabilidad de enseñarle que las personas tienen distintos sistemas de creencias, y que no todos tienen la tolerancia necesaria para aceptarlo o entenderlo del mismo modo. Incluso, a lo largo de nuestra historia, tener ideas contrarias o transgresoras a ciertas doctrinas nos han llevado a librar guerras y matarnos unos a otros (aún en pleno siglo XXI). La conclusión que este análisis me deja es que tener otras ideas en disonancia con las creencias de los demás (que por definición son presunciones no comprobables) es estar «en contra».  Es curioso, uno es libre de creer en lo que quiera, pero para muchos eso significa estar convencidos de tener la verdad absoluta sobre todo lo demás, sin dudar ni por un instante, que quizás todos estamos equivocados. Algunos hasta son capaces de llevar esto a extremos y recurrir a la violencia o a la estupidez para probar que son fieles a sus convicciones o a su fe. La fidelidad o devoción no son atributos positivos en sí mismos y están siempre atados a otros aspectos modificadores. Uno puede estar muy convencido de algo, lo que no quita que esté equivocado. Ese autoritarismo y arbitrariedad, son de los obstáculos más importantes que debemos superar como humanidad, y seguir criando a las futuras generaciones con estas ideas anticuadas, no nos va a ayudar.

termodinámica
Jovencito, en esta casa obedecemos las leyes de la termodinámica.

Cuando contamos que Mordelón no está bautizado o que en casa no hacemos toda la pantomima de los personajes benévolos que dejan regalos a escondidas, nos preguntan:  «¿no le vas a enseñar valores y a ser buena persona? Le estás quitando valores, ilusiones lindas y magia».  En mi experiencia, los libros sobre los cuales se rigen las principales religiones del mundo, son solo edictos milenarios tergiversados, plagados de contradicciones y utilizados mayormente como armas para mantener a las masas a raya, aniquilarnos entre nosotros y perpetuar la ignorancia y la obediencia. Sobre todo porque en el momento en el que fueron escritos y re-escritos, existían pocas herramientas educativas. No niego que no haya enseñanzas o moralejas valiosas en, por ejemplo, la biblia, pero también las hay en el Quijote de Cervantes y es una obra completamente ficticia (y mucho mejor escrita). There is power in words, pero la moral, la empatía, la generosidad, la tolerancia, la solidaridad y la gratitud no son consecuencias exclusivas de la religión. También se puede llegar a los mismos resultados a través de una crianza respetuosa de la diversidad que hay en el mundo y de la individualidad y curiosidad.

Sabemos que vamos encontrarnos con momentos difíciles cuando, por ejemplo, otros nenes hablen de lo qué les regaló Papá Noel y él les cuente que los regalos se los hacemos nosotros. Lo delicado de esta cuestión es que él a su corta edad no tiene por qué hacerse cargo de sostener las fantasías (sinónimo de engaño) que otros adultos deciden para sus hijos, pero al mismo tiempo no tiene el ¿derecho? de arruinarles el chiste si es lo que otros papás eligen decirles a sus niños. Me parece demasiada responsabilidad para un nene de 3 años, pero también me parece espantoso e innecesario engañarlo de esa forma. El entusiasmo, la magia y las fantasías se las puedo dar igual con millones de libros y películas, sin necesidad de que se sienta traicionado y sin insultar su inteligencia.

No me preocupa la clase de persona que va a ser mi hijo, o mejor dicho, claro que me preocupa y por eso justamente, después de mucho análisis e investigación al respecto, (porque en esta casa además de las leyes de la termodinámica, valoramos el razonamiento y la evidencia científica), pensamos que esta es la mejor forma que tenemos a nuestro alcance. Es increíble esta aventura de volver a jugar y volver a descubrir el mundo junto con Mordelón. Conforme pasa el tiempo, nuestro marcianito nos muestra que es una personita dulce, empática, solidaria y considerada (como su papá), y que quizás una crianza libre de doctrinas y religión no sea el camino más errado.

Also:

  • Papá Noel es un personaje muy turbio. En retrospectiva, es un viejo prejuicioso que trabaja una vez  al año y que te deja regalos solo si te portás «bien» de acuerdo a sus estándares. O sea, es una herramienta extorsiva. Encima era medio flojito de moral porque mi vecinita, que me robaba las muñecas y le ahogó el hámster al hermano, recibía bicicletas y Barbies. Y a mí, que no cometía asesinatos ni hurtos, me traía bombachas rosa.
  • Otras cosas que decidimos no inculcarle son: el nacionalismo, los horóscopos, supersticiones, el fanatismo en los deportes o la política y esa idea de que si deseás algo con todas tus fuerzas, el universo (que es el ente más indiferente del mismo) te lo concede. That’s just plain silly.

 

Tethered

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Una de las realidades que más me impactó de ser mamá me cayó un día mirando capítulos viejos de Friends. Carol, Susan y Ross estaban en una clase de pre-parto y Carol estaba con un entendible ataque de «todo muy lindo, pero yo ni a palos hago eso» después de haber visto el video de un parto real. Susan la calma diciéndole que se concentrara in the big picture, que el parto era solo un día y que después iba a ser mamá para siempre. Esta de verdad es una de las cosas para las que menos estaba preparada, y sé que parece una obviedad. Posiblemente sea porque ser mamá no fue algo que busqué activamente en ese momento. Por el contrario, hice todo lo posible para que esta fuera una decisión informada y consciente. Quería tiempo para prepararme, pero la industria farmacéutica, la naturaleza y la falta de herramientas que tenemos las mujeres para decidir sobre nuestro cuerpo, se interpusieron.

Hace algunas semanas conversaba con un nuevo amigo y me preguntaba si ser padre / madre significaba perder protagonismo en tu propia vida, y si eso es bueno o malo. No sé si se pierde protagonismo, pero sí se pierde bastante libertad. Y no libertad en el sentido de que ya no me puedo escapar a Bora Bora de un momento a otro, sino de que de ahora en más y por lo que espero sea el resto de mi vida, todo lo que haga directa o indirectamente va a ser en función de esta persona que traje al mundo. No creo que eso esté mal, si es algo que se elige a conciencia. Pero sí es algo que me asusta, o me da vértigo. Más allá de los errores que seguramente voy a cometer tratando de cuidarlo y de darle todas las herramientas, hay muchas cosas que están muy fuera de mi alcance y que no solo me preocupan por mi bebé, sino también por todos los niños del mundo. A veces me asusta ver que los adultos de hoy (incluyéndome) tengan a cargo la crianza de las nuevas generaciones. Hasta ahora eso no viene funcionando del todo bien, qué quieren que les diga.

Sin embargo, la humanidad ha prosperado así. Bueno, más o menos. Lo que quiero decir es que la humanidad ha sobrevivido a fuerza de gente que no tiene idea criando generaciones futuras (o peor, a fuerza de gente que está convencida de que tiene mucha idea y de que esa idea es la única postura válida) y acá estamos. Todavía no nos extinguimos y los psicoanalistas tienen bocha de trabajo.

myfavoritejoke
What do you mean, ‘if’?

Más allá de las décadas que voy a pasar sin dormir, de lo que el embarazo, la lactancia y el puerperio le hayan hecho a mi cuerpo, y de todos los momentos maravillosos y sorprendentes que voy a atravesar, hay algo que no va a cambiar nunca: siempre voy a estar preocupada por mi hijo. Siempre. Me pregunto de dónde viene esta preocupación que me llena de angustia y de cierta nostalgia ¿Será biológica? ¿Instintiva? ¿Es sólo producto de mi neurosis y esto en realidad no le pasa a todo el mundo? Es un desasosiego desconcertante.  Esta personita a quien amo hasta el cansancio va a estar siempre en mi cabeza nublando mi juicio, dándole forma a mi día y afectando todas mis decisiones. Absolutamente todas.

Yo no me sentía para nada preparada para traer a alguien más al mundo, claramente. Además de mantenerlo vivo (yo, que se me mueren hasta los cactus) tengo la responsabilidad de enseñarle a conducirse en el mundo, de enseñarle la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal, de ayudarlo a desarrollar todo su potencial sin que se haga daño. Él es mío, pero al mismo tiempo no.  Es una sensación muy vertiginosa, y lo noto más con el paso del tiempo, con lo rápido que dejó de ser un bebé a pesar de que los primeros meses parecían interminables, y con la repentina comprensión de mi propia mortalidad.

Supongo que con los años me iré ajustando mejor a mi nueva realidad de estar atada por un hilo invisible que me tira cada vez que me alejo un poquito. Y sé que lo máximo a lo que puedo aspirar es a disfrutar todo el tiempo que podamos compartir juntos, los tres, tratar de darle todas las herramientas a mi alcance y esperar que pueda aprovechar al máximo lo que la vida tiene para ofrecer para que sea feliz y contribuya a hacer del mundo un lugar mejor. Es una felicidad desesperantemente trepidante. Y no la cambiaría por nada.

(Cosas que no entraban en un solo paréntesis)

  • Me pasé los últimos 6 meses del embarazo mirando Friends desde la primera temporada y por eso ahora Orión cada vez que escucha la presentación, viene corriendo se queda tildado mirando con cara de «esto lo conozco, ¿pero de dónde…? Is that the song of my people?»
  • Ross y yo tuvimos la misma reacción después de las palabras de Susan.
  • El pasaje con la broma en inglés es del cuento «La historia de tu vida» (“Story of Your Life“) de Ted Chiang. Que no puede más de genial.
  • Lo que más me emociona y reconforta de mi vida como adulta responsable y de toda esta felicidad es tener a Capitán Considerado en el mismo barco. Yo no sé cómo voy a resultar yo como mamá, pero de lo que sí estoy segura es que Orión tiene al mejor papá del mundo. ❤

Hello Again

Confieso que pienso muy seguido en él. En todas las cosas que quisiera contarle, que no me olvido de las cosas que le compartí, y que para mí es importante saber que sigue ahí, como ese amigo y cómplice que recuerdo con cariño. Así que decidí que es tiempo de volver y contarle cosas de nuevo a mi viejo y fiel blogcito.

I'm_back_baby!

Me está costando empezar estas primeras oraciones, supongo que porque perdí el hábito de sentarme a escribir. Espero que sea como andar en bicicleta, aunque hace más de 18 años que no me subo a una bicicleta de verdad, y si lo hiciera, probablemente terminaría desparramada en el suelo. Anyway, here we go.

Todavía me estoy acomodando en la adultez y en mi nuevo rol de mamá y de señora casada (yep, that happened). Es una situación rara porque definitivamente no me doy por aludida cuando me dicen señora. En mi cabeza sigo teniendo ventipoquitos, y probablemente así sea. El caso es que ya estoy en esa edad en la que la gente empieza a tener bebés apropósito, y en el que news feed de mi cuenta de Facebook está inundado de fotos de casamientos, compromisos y otras yerbas alike.

Hace unos días estuve releyendo las cosas que escribí acá, y para alguien que está obsesionada con viajar en el tiempo descubrí que si realmente pudiese volver atrás o viajar al futuro me la pasaría gritándome ¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO, TARADA?!. No es que necesariamente me arrepienta de todo lo que escribí públicamente, pero sí me doy cuenta que no soy exactamente la misma que era cuando escribía hace 6 o 7 años. Y supongo que eso me alegra un poco.

Tengo varias cosas nuevas para reflexionar. Estoy frecuentando nuevos entornos y me estoy permitiendo cosas que antes me daban un poquito de vértigo (the good kind). El monólogo interno no se apagó, solo estuvo ocupado con métodos de crianza, pañales y canciones para dormir. Now it’s back, así que lamento informarles (not really) que voy a estar apareciendo de nuevo por acá.

So…stay tuned. Or not, yo les aviso.

What else is new:

No me arrepiento de ninguna de las entradas de este blog porque, en parte, hicieron que Capitán Considerado quisiera casarse conmigo. Aparentemente le gusta lo que escribí y lo que escribo. Ni yo lo puedo creer.

Hablando de métodos de crianza, paso a contarles acerca del mejor blog de crianza del mundo, para que pasen, vean, comenten y se informen: https://criandolibres.wordpress.com/

Y hablando de canciones para dormir, esta por lo general hace magia:

Carrie Bradshaw del surrealismo

 

And that I probably shouldn’t have watched Sex & The City so much.

En alguna parte leí un mito que dice que cada siete años somos básicamente una persona distinta porque ese es el tiempo que le toma a todas las células de nuestro cuerpo regenerarse. Informándome al respecto, porque internet existe, resulta que no es tan así. Pero sí me enteré que el cerebro está constantemente formando conexiones nuevas y destruyendo conexiones viejas, y en alguna medida son esas conexiones las que hacen que nosotros seamos nosotros. Así que it’s safe to say que cambiamos quienes somos muy seguido, mayormente sin darnos cuenta, y con frecuencia hasta que no nos reconocemos.

Hoy me sorprendí haciendo zapping a las 3:14 de la mañana, mientras aprovechaba el silencio en casa y me tomaba un break de una traducción de geomecánica. Me colgué mirando la película de Sex & The City y horrorizada me di cuenta de que me sabía muchos diálogos de memoria. Claro que pensándolo bien, además de conocerme la película de memoria, probablemente también me sé de memoria toda la serie. Y con un poco de alivio llegué a la conclusión de que salvo por algunas amistades entrañables, algunos muebles y mi talento para preparar chocotortas, ya no soy la misma chica que miraba Sex & The City hace unos 8 años atrás. Sí, ocho.

Todos hicimos cosas de las que nos avergonzamos cuando éramos chicos…o jóvenes, o cuando no éramos quienes somos ahora. A mí me avergüenzan mis años minitah crédula, because I knew better y sobre todo porque siento que todo eso me consumió mucho tiempo, nubló mi juicio, y definitivamente no me hizo mejor persona en ningún aspecto. Pero tenía 22 años y ni la más pálida idea de cómo manejarme en el mundo, porque no hay manuales para ser adultos responsables, auténticos e independientes….y mucho menos manuales para ser mujeres adultas, auténticas e independientes. Carrie Bradshaw me compró con su glamour, su monólogo pseudo-feminista* y algunos personajes pintorescamente maravillosos que la amaban. Yo no aspiraba a ser Carrie Bradshaw, pero disfrutaba de la fantasía. Durante mis veinti-algos mi cerebro le bajó la espuma a su chocolate y pasó por alto un montón de cosas que hoy me parecen imperdonables de Carrie, sus amigas y su doble discurso de la definición de mujer.

Me alegra saber que ya no soy esa muchacha de 22 años inspirada por una mujer caprichosa de 40 y que puedo aprender de mis ¿errores? ¿tropiezos? sin sentir que me tengo que aferrar a una identidad de por vida sólo para satisfacer ese precepto ridículo de que hay que ser constantes en nuestras opiniones y valores. A los 22 años mis opiniones y valores eran muy pocos y no valían ni la mitad de lo que yo creía. Así también aprendí a no tomar mis opiniones y mi visión del mundo tan en serio, porque es evidente que siempre me falta algo.

Mi nueva fantasía es viajar en el tiempo (bueno, esa siempre fue una fantasía recurrente) y conversar con mi yo de hace 8 años y mostrarle otras cosas, sentarla a mirar Doctor Who y Twin Peaks y contarle que de grande va a recuperar lo que de chiquita la inspiraba a fantasear con viajar en el tiempo, la ciencia ficción y la historia. Le contaría que los dramas de Carrie se los busca ella sola porque es una boluda importante y que probablemente a ella le esté pasando algo parecido con otro(s) Mr. Big; que mejor se deje de pavadas, se ponga a hacer ejercicio, comer mejor y disfrutar esos valiosos años de juventud en cosas que la enriquezcan. Ah, y que no espere tanto para volver al violín y animarse al ukelele.

 

 

All Things Mommy

Esta gente nunca educó a nadie antes
Esta gente nunca educó a nadie antes

Tardé unos 6 meses en sentarme a escribir y terminar esta entrada. Generalmente porque cuando por fin podía sentarme frente a la compu y abrir WordPress, me daba cuenta de que eran las 3:15 a.m. y al día siguiente (o en un rato más) tenía que estar más o menos lúcida para seguir con mi rutina de traductora / intérprete-oficinista-cocinera experimental -novia-hermana y ahora mamá. Cosa que finalmente resulta casi imposible porque el bebé ahora se despierta mucho de noche y hace practicamente un año que mi cerebro funciona con menos de 5 horas seguidas de descanso. Y bien digo un año porque intentar dormir decentemente con una panza de 7 meses is not a task for the faint.

Antes de seguir quiero pedirle un pequeña disculpa a la madre naturaleza, porque aunque no esté de acuerdo con los métodos reproductivos que ideó para nuestra especie o lo awkward y potencialmente ineficiente que me resulta el funcionamiento de la anatomía femenina, tengo que agradecerle que me haya mantenido viva y relativamente cuerda con el cerebro a media máquina. Por lo menos hasta ahora.

Una vez hablé de todos los roles que nos tocan cumplir a lo largo de nuestra vida. Honestamente nunca pensé que me fuera a tocar este. Es como cuando te toca el papel principal en una obra de teatro de la que habías escuchado hablar un montón y que aparentemente era un éxito, pero que ni a palos te veías yendo a ver. Y ahí estás, en el escenario, sin guión, a oscuras y con un mini director a los gritos que no sabe pedirte lo que quiere, pero que necesita que lo hagas ya. Yo por suerte comparto el protagónico con otro chico que a veces está tan perdido y aturdido como yo, pero que no duda en salir front and center a pilotear las exigencias que balbucea el mini director.

Cuando estaba embarazada, me cansé de escuchar que me dijeran con un optimismo casi compulsivo «El bebé te va a cambiar la vida». La maternidad más que cambiarnos la vida nos modifica y renueva de un modo violento, pero debajo de todo lo nuevo una sigue siendo más o menos la misma persona. Y creo que eso es lo difícil y lo más impactante de este nuevo rol: que nos deja lejos de lo que una conocía de sí misma, y deja la individualidad en otro plano al que cuesta mucho volver. Y sí, pasás a ser una persona nueva, pero no una persona que necesariamente reconozcas como vos.

Todavía me cuesta encontrarme en esta versión mía que no puede dejar de sacarle fotos al bebé cada vez que hace algo remotamente nuevo, que reniega de la burocracia sanitaria del país porque hay faltante de vacunas, y que cuando va a Farmacity se demora boludeando en la góndola de pavadas para bebés. Me cuesta porque aún en pleno siglo XXI, la maternidad no se percibe únicamente como la relación que tenemos con nuestros hijos, y en cambio se la ve como un estilo de vida, o una identidad con exigencias y expectativas que eclipsan todo lo demás en la vida de una mujer.

Mi experiencia hasta ahora, y sobre todo mi propia madre, me dicen que de a poquito se van a ir prendiendo más luces en el escenario. Entre acto y acto voy a ir aprendiendo a descifrar (no sin equivocarme) qué dice el guión y que hay que hacer y decir para mantener sano, feliz y sobre todo vivo al mini director; sin renunciar a la mujer que era ni a la que quiero ser, y pudiendo sentime a gusto en todos los otros roles que quiera interpretar.

Didascalias

Creo que la peor parte de este papel y de esta obra, es que en el público son todos críticos.

De forma muy siniestra, Farmacity se las arregla para quedarse con buena parte de mi sueldo sin importar en qué etapa de la vida me encuentre.

La letra chica

No hay nada que te prepare para lo que te va a pasar. Si bien el género femenino colectivamente, desde el inicio de los tiempos ha pasado por lo mismo una y otra y otra y otra y otra vez, no hay libro, película, serie, revista ni publicidad emotiva de pañales que te de una mínima idea de lo que te va a pasar.

El punto es que durante mucho mucho tiempo, muchísima gente (no necesariamente mujeres) ha hablado maravillas del milagro de la vida, de lo privilegiadas que somos las mujeres porque podemos crear vida, y todos esos clichés acerca del embarazo que están dispuestos a creer y hacerle tragar a cualquier persona con útero.

La verdad es que yo no sentí nada de eso. No me malinterpreten, estar embarazada fue una experiencia enriquecedora y es un momento muy especial en la vida de cualquier mujer, pero seamos honestos, también es un proceso muy engorroso, incómodo y downright raro, y si no me creen busquen la etimología de la palabra “embarazo”.  Así creo que es hora de crear conciencia acerca de la letra chica, no para asustar ni desalentar a nadie, sino para tener una perspectiva más realista de los términos y condiciones que implican traer nueva gente al mundo.

Fisiológicamente, la pasás mal, es lo menos práctico y elegante. Pasando más o menos el cuarto mes (o semana 20), después de que pudiste dejar de lado el Reliverán y empieces a guardarte Milantas abajo de la almohada, no va a haber una sola situación en la que te sientas, sexy o elegante.

Emocionalmente, no entendés nada, y pasás de la euforia más pura derechito al llanto, sin saber bien por qué. Las hormonas son una cosa espantosa que controlan tu vida sin que puedas hacer nada para apagarlas o para tratar de actuar como una persona racional.

Psicologicamente, don’t even get me started. El cerebro muchas veces decide apagarse y terminás haciéndole seña al subte para que pare, buscando las llaves que tenés en la mano hace 20 minutos y calentando las empanadas en el freezer .

Estar embarazada, como me dijo mi obstetra, es lo más parecido a estar invadida por un parásito durante todas las semanas que dure la gestación. Ese pequeño sea monkey te va a drenar la energía, las vitaminas, proteínas, la sinapsis, el sueño….todo, a medida que te estira a proporciones que finalmente logran que no puedas agacharte ni a atarte los cordones (not kidding).

El ombligo se transforma en un recuerdo muy distante a esta altura.

Pero todo eso que te quita de a poquito durante 9 meses, te lo devuelve con un tsunami de oxitocina y dopamina en el momento en el que lo ves y te mira por primera vez. Detrás del cansancio, los pantalones que ya no te entran, y los meses sin dormir que se vislumbran por delante, hay un enanito que te enamora casi instantáneamente y que estás sumamente feliz de que esté en tu vida.

Sí, la naturaleza debería aggiornarse y hacer este proceso un toque menos espantoso y doy gracias por haber nacido en este siglo lleno de analgésicos y medicina moderna. Pero hay que reconocerle que tiene su manera de recompensarte y hasta de convencerte de que estarías dispuesta a pasar por todo de nuevo.

 

Algunas cláusulas adicionales:

Después del embarazo sigue el puerperio…que es como una niebla que lo cubre todo durante al menos los 3 meses siguientes. El tiempo no existe, es lo mismo un martes a la tarde que un viernes a la madrugada, dormir cuando estás cansada ya no es una opción y los pechos cobran un protagonismo que definitivamente no esperabas. En el puerperio las hormonas son más unkind  y hasta peinarte o hacerte una tostada es un desafío.

Es importante no perder de vista que somos una sumatoria de procesos químicos y que eventualmente todo el desbarajuste hormonal se acomoda y en algún momento esa versión de vos misma que cada tanto extrañás empieza a volver de a poquito.

Cuando el bebé empiece a moverse en la panza, te vas a acordar seguido de la película Alien. It’s the weirdet feeling ever.