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A mí me preocupa la multiplicidad de universos. Bueno…No, no me preocupa, me intriga y me da una impotencia terrible, hija de la curiosidad, porque estoy atrapada solamente en este, y no tengo ni una ventanita para ver en qué andaran mis copias, o dónde estaría si en lugar de haber subido por el ascensor, hubiese ido por las escaleras

Escuché alguna vez, en alguna parte, esta teoría que dice que cuando tenemos que tomar una decisión, ya sea entre té o café a la mañana, el universo se divide entre las opciones posibles y en una línea elegimos el té y en la otra el café, y de ahí se desencadenan todas las posibilidades que nacen a partir de esa sola acción.

Ahora, multipliquen esa cantidad de sub-universos y súmenle los que nacen* a partir de las decisiones de los demás, que directa o indirectamente nos afectan (como el colectivero que cruza el semáforo en rojo, o ese médico traumatólogo demasiado soberbio para admitir que no sabía lo que estaba haciendo) No estoy segura de que mis neuronas me alcancen para poder entender claramente lo que todo eso implica y como se compondría esta multiplicidad, sobre la que no puedo hacer absolutamente nada, más que apenas imaginar que probable o improbablemente, en otro lado y en otro momento, todo lo que podría suceder, sucede (y se repite infinitamente).

Toda esta reflexión, que no hace más que provocarme mucho vértigo, nació del overthinking latente que se instala cuando tenemos que tomar pequeñas desiciones que pensamos que cambian todo. Esto lo observo mucho bajo la etiqueta de indesición o de miedo, y me puedo identificar, porque yo también recuerdo haber meditado durante más de dos horas si le mandaba o no un sms al chico que me gustaba para invitarlo a comer canelones a casa. Entonces me pregunto si estas mini desiciones que nos dan la impresión de  alterar determinantemente el curso de nuestras vidas realmente cambian algo. Fundamentalmente, me gustaría pensar que no, y que como describía Fredkin en su paradoja, mientras menos significativos sean los resultados de nuestras desiciones, más nos va a costar tomarlas.

Si alguna de mis copias me preguntara en qué clase universo me tocó existir, le contaría que este universo se rige por la ironía y por las casualidades (que a veces no son causa de nada, no todo tiene un porqué comprensible). En este universo las cosas que esperamos una vida llegan un año más tarde, o a veces 15 minutos antes que nosotros. En este universo, a Alemania le ganamos 4 a 2 un mes y medio después del mundial, el 107 pasa vacío cuando estamos a 10 metros de la parada, empieza a diluviar 3 cuadras después de haberte olvidado el paraguas en la oficina, el chico con el que no querías saber nada de nada termina siendo tu persona favorita en el mundo y la profesora que no te bancaste en tus 5 años de secundario es la que en la facultad decide si te recibís o no… I could go on.
Quizás, el solo hecho de que existan copias nuestras por ahí, a las que les sale todo bien y según lo deseado/esperado, pero que no somos nosotros, sea la ironía más grande de todas.

No me acuerdo si fue un poema de Dos Corazones o el horóscopo el que me dijo una vez que somos la suma de nuestras decisiones. Yo creo que más bien somos una ecuación compleja conformada por lo que elegimos, lo que dejamos pasar, las posibilidades que no están a nuestro alcance y que el resultado no es un una sola persona, sino más bien un entorno y un sistema infinito, muchas veces arbitrario, que da lugar a posibilidades nuevas y quizás a otros universos.

En otro orden de cosas:

A la mañana entre té y café, prefiero el mate o una Cindor, o un licuado.

El chico que me gustaba se terminó perdiendo los canelones, porque nunca vino.

Toda esta reflexión que no nos lleva a ningún lado, en realidad era una excusa para compartirles el video del principio.

 

wtnv

Este blog no se olvidó de mí, y yo no me olvidé de él. Así que acá estamos, como si no hubiesen pasado tantos días en el medio. No creo que siga siendo la misma muchachita que empezó a escribirlo hace algunos años, así que este espejo seguramente refleje otras cosas.

Con frecuencia me sorprendo midiendo con una regla muy cortita la distancia entre el pasado y el lugar donde estoy hoy, que es impensado. Si llegara a tener la oportunidad de viajar hacia atrás en el tiempo y me contara a mi misma cómo terminaron (o continuaron) algunas historias me costaría bastante trabajo creerme. Pero mi regla es muy cortita y casi nunca me alcanza para entender cómo llegamos hasta acá. A veces la sensación del paso del tiempo se hace tan vertiginosa que siento que más que en el futuro, estoy en un universo paralelo, o perpendicular.

Esta experiencia comprueba el hecho de que no puedo estar segura de nada y que me voy a decir y desdecir, acertar y equivocarme varias veces sobre las mismas cosas. Es divertido, pero un poco desesperante también.

Así conocí al chico del que me enamoré, diciendo y desdiciéndome. A decir verdad, así conocí a todas las personas de las que me hubiese enamorado. Con lo cual, no estaba esperando que esta vez las cosas llegaran hasta acá. Irónicamente, a diferencia de las demás veces, en lugar de querer aferrarme, salí corriendo en la dirección contraria, como hubiese sido aconsejable en los casos anteriores, al grito de ” ni ahora, ni nunca”. Y no sé que tan convincente habrá salido mi legenderia huída porque él siguió viajando esos 600 kms para verme solo a mí, dejándome muy en claro que la distancia  y mis reservas, no eran un obstáculo si queríamos tomar un helado, pasear por el Jardín Japonés, o pasar todo el tiempo que nos toque juntos. En retrospectiva, resulté ser una jodida. Y como en el guión de una película predecible, o una canción de los Rolling Stones, dejando ir lo que no quiso ser, estoy con quien siempre quise estar: con ese joven Paul Newman que hace que me duela la panza de risa, todo el cuerpo del sexo increíble y el corazón, cuando está lejos.

En algún punto cruzamos un umbral, y nos hallamos del otro lado, casi en otra dimensión, donde actuamos muy distinto de nuestras intenciones o dichos y no nos damos bien cuenta cómo. Pero creo que así es enamorarse. No por eso me arrepentiría de las demás historias que me tocaron y de las otras personas que quise muchísimo. Me van a acompañar siempre.

Todo eso fue entretenido y desesperante, porque si de verdad pudiese hablarle a esa Girl de antes le diría que se deje llevar y que no se preocupe tanto por aferrarse a los brazos que terminan lastimándola. Curiosamente, como por una intersección inevitable y caótica de la casualidad y las leyes de la física, aparecí en los brazos correctos, ideales.

 

Some other stuff I meant to say:

I didn’t die, I just took a little break. And now I’m back.

Perdonen el nivel de serotonina y dopamina de este post, estoy contaminada y salpico para todas partes.

 

 

 

The Doctor <3

Escribiría este post acerca de hombres reales y dejaría de andar con eufemismos ridículos like I’m 8, pero 1.) superheroes are cool 2.) quiero hablar del mío 3.) es mi blog y listo.

No entiendo como es que Disney no ha explotado esto de los superhéroes. Siempre nos ponían a los príncipes como el guapo del barrio del que había que enamorarse… pero los príncipes solo son príncipes porque sus papás son reyes, no porque sean principezcos y gallardos o valientes. No, los superhéroes son mejores. Además, nunca sabemos cómo les terminó yendo a esas pobres chicas después de que se casaron.

Estaba convencida de que no iba a salir nunca de mi escepticismo, que de verdad iba a costarme muchísimo enamorarme de nuevo, y que a esta altura, construir una relación romántica no era lo mío. Pero conocí (mejor) a Capitán Considerado y me tuve que guardar todas esas excusas de las que me vengo quejando básicamente desde que empecé a escribir este blog.

Capitán Considerado la remó en cemento, yo estaba muy distraída luchando con otros personajes, más parecidos a villanos que a héroes o príncipes. Pero él usó sus superpoderes conmigo muy sutilmente, porque de verdad no me di cuenta cómo o cuando pasó de ser “el muchacho que es mi amigo” al “muchacho que es mi novio”.

Logró cosas que solo alguien con poderes sobrenaturales podría haber logrado: me amigó con mis piernas (hoy fui a clases de vestidito). Además puede materializar helado o chocolate a cualquier hora, me hace reir aunque esté muy enojada, construye fuertes de almohadas, y hace cientos de kilómetros por semana para venir a visitarme. ¡Ah! y me ayudó a superar el miedo a las películas con zombis, o a los zombis en general, for that matter.

Aunque al principio cada vez que él intentaba rescatarme yo salía corriendo, encontró la manera de hacerme saber que aunque no necesite que me salve, él me puede salvar igual. Que aunque pueda sola él igual quiere ayudarme.

No descubrí al hombre perfecto, porque detrás de la capa y el encanto, hay un muchacho que insiste en tender la cama con las sábanas al revés, que no me deja respetar ni una de las dietas que intento arrancar todos los lunes, que piensa que es legal andar despeinado en la vía pública y que cree la ropa se placha sola cuando te la ponés. Ni hablar de cómo me hace doler la panza cuando pronuncia cosas mal en inglés, deliberadamente, para ver cómo me enojo. ¬¬

Una amiga muy querida de este blog, allá cuando yo todavía le escapaba un poquito a los brazos del Capitán, me dijo: “en un tiempo, cuando te des cuenta lo genial que te sentís, y lo bien que estás, te vas a preguntar cómo fue que no empezaste a salir con este chico mucho antes”.  Si bien PandOrita tiene la posta siempre, creo que para poder disfrutar de la relación con mi superhéroe tenían que terminar de pasar otras cosas. Heróicamente (y por suerte) él me tuvo una paciencia sobrehumana, y acá estamos.

Puede que esto que les cuento, esté salpicado de toda la serotonina y dopamina que me invade, pero bajo la luz más racional, el capitán y yo nos tomamos las cosas despacito, disfrutando del paseo por el tiempo que nos toque estar juntos.

More superhero facts.

Capitán Considerado, es el seudónimo que uso para proteger la identidad de mi superhéroe…y aunque su origen tiene una explicación muy larga y rebuscada que no vale la pena traer a colación, es el seudónimo más apropiado.

No le teme a nada, ni a mi costado más minita… ese que tararea canciones de los Backstreet Boys en la ducha o el que revive capítulos de Sex & The City en DVD cuando se cortan el cable e internet. Ni siquiera le teme a la pila voluminosa de viejas revistas Cosmopolitan que tengo debajo de la mesita de luz.

(Su kriptonita son las aceitunas y el color amarillo)

Puede llevar adelante conversaciones enteras con frases de Los Simpsons, o películas, o series… Not everyone can pull that off.

Tiene superpoderes IT. Son una clase especial de superpoderes ñoños que sencillamente me pueden. Consiste en saber apretar botones… o mejor dicho, en saber bien qué botones apretar.

Arregla cosas que yo ya daba por irreparables… y no lo digo en sentido metafórico, no tiene un destornillador sónico, pero casi.

MafaldaYSusanita

El día del amigo son los padres. Pero igual, viene bárbaro para saludar a la gente que uno siempre quiere tener cerca.
La amistad es frágil y muchas veces se entorpece por pavadas. Así que si quieren, quejensé todo lo que quieran de lo comercial que es este día, conmemoren la llegada del hombre a la Luna, y no le regalen su dinero a los barcitos de Palermo, Arístides o Pellegrini, como hacen cualquier otro fin de semana.
Pero no dejen de recordarles a sus amigos que aunque a veces seamos unos estúpidos, unos tarados, unos verdaderos papafritas…siempre los queremos cerca.
Al fin de cuentas, antes de morirse, es preferible un «feliz día» que un berrinche anticapitalista inútil una vez al año.

Feliz día.

the kiss

“The Kiss”, 1897. Edvard Munch

Una a veces tiende a identificarse con la protagonista de la historia…Con la víctima/heroína que cree que merece que el hombre que ama le de bola y la quiera para siempre, porque ¿cómo puede ser tan ciego y no darse cuenta de lo felices que van a ser juntos? Pero no…a veces las ciegas somos nosotras, que pensamos que ser una ilusa y que esperar a que el tipo del que nos habíamos enamorado cambie sus preferencias, es algo que vaya a pasar de este lado de una pantalla de cine. A veces, “el necio que no ve a la persona que tiene en frente”, resultamos ser nosotras mismas.

Ya dije que todavía no entiendo cómo funcionan el amor, ni las relaciones, ni las dietas, pero tengo algunas ideas. Distingo bastante bien ese enamoramiento, que se termina con el final de las canciones cheesy de Maná y de Cristian Castro, de ese otro cuya onda expansiva todavía nos sacude muchos años después. Podría pensarse que es fácil hacer esta distinción, pero no. Cuando tenemos el cerebro inundado de serotonina y dopamina, el discernimiento es lo primero que se pierde, aunque supongo que al discernimiento de todos modos hay que perderlo un poquito para enamorarse.

Las relaciones son la categoría fundamental en la vida de una persona. Y la cultura dominante, sobre todo en las relaciones románticas, se aferra a ese precepto que dice que de dos hay que hacer uno solo y a ese deseo de perderse en el otro, de convertirse en otro. Por ejemplo, es muy común, sobre todo al principio de una relación, mostrar interés en cosas que por sí solas no nos interesan, con el único fin de acercarnos a esa otra persona…( ¿o por qué otra razón creen Uds. que iría a ver una película de robots gigantes que pelean contra pseudo Godzillas alienígenas que invanden la tierra desde otra dimensión, entrando por una fisura en el océano Pacífico?)  

Pero siempre somos dos, y esa es la razón por la cual cuesta tanto que funcione. Esencialmente, cuando se trata de construir una relación, el desafío no tiene que ver con dejar que otra persona entre, sino con que, de alguna forma u otra, nadie posee la libertad para salir de su propia cabeza, de su conciencia o de su deseo, y entrar en otro. Las relaciones son solamente intercambios frágiles, como el lenguaje, cada uno desde su lugar, desde sus posibilidades y desde sus miedos y expectativas.

Siempre me pareció que quienes creen amarse desde el primer día con la convicción de que ese sentimiento les va a durar para siempre, se están engañando…quizá porque yo me enamoro despacito y no lo entiendo, pero sobre todo porque tengo la sensación de que esas promesas y esa obsesión con el otro son como un puente ficticio de papel que se va armando para encontrarse a mitad de camino, pero que se deshace cuando se salpica con quienes somos en realidad, a medida que van desapareciendo esas cosas con las que nos adornamos desde el primer beso, pero que realmente no existen.

Yo construí más de un puente de esos, muchas veces lo construí sola, mientras del otro lado me miraban con cara de “yo estoy muy cómodo acá, vos fijate”. Me costó mucho tiempo deshacerlos, porque resulta que tengo una imaginación muy fértil (me he inventado cada cosa…) Ahora estoy tratando de ver otras posibilidades de intercambios, quizá un poco menos ficticios, sabiendo (o creyendo saber) que del otro lado, tienen las mismas ganas que yo de entusiasmarse, y toda la paciencia para enamorarme despacito, como suele ser conveniente, sin salir a decirme cualquier cosa, y sin creer del todo cualquier cosa que yo diga. 

Soy como los Chalchaleros pero sin la despedida…

Parece que me fui sin decir nada pero siempre vuelvo. Podría mentirles y decir que estuve ocupadísima descansando en la Polinesia Francesa…total en este post puedo decir lo que quiera.

De dietas no entiendo nada, no entiendo la ciencia de cómo las cosas ricas son justamente las perjudiciales. El dulce de leche light es un oxímoron.

Yo no me opongo a ver películas,  sobre todo cuando son en el cine y en buena compañía. Si me quieren invitar a ver una peli, no me voy a rehusar. Y así como yo me río 2 horas 10′ de los robots y los bichos…se han bancado a Doctor Who durante 7 temporadas.

“Language is the loveliest thing our brains have invented”

Casi por resignación, mi profesión terminó siendo la de traductora. Digo por resignación, porque cuando terminé la secundaria, mi ambición era la de volver al quirófano, no como paciente sino como instrumentadora quirúrgica. Pero resulta que cuando una es alérgica a la anestesia volátil, el último lugar del universo donde puede trabajar, es en un quirófano. Así que me dejé llevar por el inglés que había adquirido por ósmosis y mi afecto por los libros, y empecé a estudiar traducción científico-literaria.

Podría hablar de los caminos sinuosos del destino, o de cuánta razón tenían Mick y Keith cuando dijeron que “You can’t always get what you want, but if you try, you might find you get what you need” porque varios años después descubrí que hasta ahora, no puedo imaginarme trabajando sin jugar con palabras de un idioma a otro. Pero no voy a hablar eso, porque no estoy del todo reconciliada con la idea de que lo que nos hace felices es lo que necesitamos, y no lo que queremos. Yo quiero chocolate de desayuno, almuerzo y cena, pero necesito de otras cosas también, como la lechuga, que nunca hizo feliz a nadie.

Las palabras, o el lenguaje, son lo que conforman nuestra cosmovisión. Pensamos en palabras, nuestras ideas nacen y se transmiten por medio del lenguaje, y hasta les debemos nuestra evolución como civilización. Aun así, son algo relativamente nuevo en el mundo. Durante la mayor parte de sus miles de millones de años no hubo vida en la Tierra, y la mayor parte del tiempo en la que sí hubo vida, no siempre fue vida inteligente. Sólo después de que aprendimos a pasar conocimiento de una generación a otra, la civilización se hizo posible. En términos cosmológicos, el lenguaje es algo que pasó hace más o menos 10 minutos (y ni hablar de la escritura).

Las palabras son el producto de la combinación de las mismas veintipico de letras, con posibilidades innumerables, llenas de significado, que alcanzan para contar suficientes historias como para llenar bibliotecas infinitas. Pero tenemos palabras sólo para aquello que podemos nombrar. Lacan decía que lo que no se nombra, no existe. Es muy difícil pensar en algo que no conocemos (next to impossible), sin intentar describirlo con palabras, y sin darle un nombre. Por eso es indescriptible lo inimaginable.

Hay palabras que nos acercan, palabras que nos alejan. Palabras que nos transportan. Palabras que nos enaltecen y palabras que nos quiebran. Palabras cortitas que duelen, palabras que disparan olas de placer… Estoy segura de que la belleza poética no está en lo que el poeta quiso decir, sino en las palabras que eligió para decirlo.

La gran ironía, es que nuestras palabras, y nuestro lenguaje, además de ser lo que nos habilita para comunicarnos, es lo que muchas veces impide que nos entendamos. “I know you think you understand what you thought I said, but I’m not sure you realize that what you heard is not what I meant.”

Así fue como de a poquito, me fui enamorando (como conviene enamorarse, despacito) palabra por palabra, hasta que más que en profesión, se fue convirtiendo en vocación. Y finalmente, como lo describiera Bernard Cohen, me enamoré de la musicalidad de la traducción. Traducir es como interpretar música: hay que encontrar el ritmo correcto, la cadencia adecuada, la afinación justa de cada nota. Es parecido a interpretar lo que alguien ya escribió en un pentagrama. Si se pierden los matices de las palabras, se pierde la belleza y el significado del mensaje.

Hace poco me preguntaron si tengo alguna palabra favorita, que no es lo mismo que te pregunten cuál es tu color o película favorita, porque no supe ni siquiera cómo empezar a distinguirla. Las palabras nos pueden caer bien o mal según su significado, su significante o simplemente por cómo suenan.  Después de tener que pensarlo, encontré una que me gusta por las tres cosas. La palabra es petrichor en inglés o petricor en español. Y hace referencia al olor de la tierra húmeda después de la lluvia. Me gustó mucho más, cuando me enteré que en realidad ese olor tan evocativo, lo produce una bacteria en el suelo, que es lo menos poético que hay.

 

Unas palabras más.

Existen entre 7000 y 8000 idiomas…y a penas hablo 2.

Hace poco, tuve mi primera experiencia inventando un idioma, de la mano de David Peterson... fue lo más parecido a inventar otra realidad que conozco.

Aborrezco la palabra “bombacha”, tenía que contárselos.

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